Leí su carta pública. Me traspasó hasta el tuétano & por allí tomo vía médula hasta los planos más sublimes de mi existencia, que digo, de la existencia del magnánimo colectivo. Se me erizaban los bellos de las piernas, luego de los brazos, & sentía como los nervios se extendían por encima de mi cabeza. Dejé de ser por unos instantes, por el tiempo que duraban las líneas & a la par que iba leyendo observaba una imagen casi tan parecida a la que me otorga el espejo, pero mejorada, pues era otra & a la vez la misma, & ya no como de costumbre que siendo una nunca es igual.
Las mejores historias se cuentan vía el sentimiento, por ahí es mejor siempre comenzar, siempre todo es un comienzo. No tengo perros desde la niñez, pero sí tuve gatos & tuve también que abandonarlos, aunque me mentí creyendo que volvería por ellos; tampoco tengo familia, bueno, aunque ellos jurarán que sí. No me entienden cuando intento decirlo, o no quieren entender. No por eso, aunque también, vivo con los mares del alma desbordados & se manifiestan estos vía los ojos. ¿Por qué lloras? Pregunta el desentendido.
iEstoy viva! No sabría cómo más explicarlo.
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